También en la ciudad

 

En las ciudades no ves buitres ni tejones. Las mariposas no se posan en los semáforos. El agua de lluvia resbala por el cemento y los árboles pelean por estirar sus brazos. En las ciudades el caos ha sido ordenado y ya no sabemos de ciclos, el cielo no nos da información.

Yo vivo en una ciudad y trato de abrirme paso, de conectarme a lo que queda de vivo y verde, a pesar de estar herido. Yo quiero abrir una grieta en el suelo, coger una azada que quite la piel muerta, rasgar lo impermeable y volverlo dúctil, permitir la diferencia. Quiero acunar a niñas y niños, calmar a los leones, abrazar árboles, sembrar con los pies descalzos.

Muchas personas pedimos cambio, queremos cambio, generamos cambio. Creamos grupos, compartimos experiencias, nos negamos.

Tras los incendios de este verano me surgió la necesidad de restituir, de calmar el dolor, de sentirme partícipe de la cura. Y la voluntad ha dado paso a la concreción, y ahora somos un grupo de personas que nos hemos unido a la gran bellotada ibérica, un reto que consiste en sembrar la península con 25 millones de bellotas, iniciado por Reforest-Accion Network, en el que durante todo el otoño la península estará salpicada de siembras organizadas tanto por ciudadanos/as particulares como asociaciones o agrupaciones creadas para tal fin.

El reto tiene doble objetivo: por un lado, el directo, que es el de repoblar zonas que deberían albergar a especies quercíneas pero que, ya sea por pastoreo, carboneo, incendios, presión urbanística u otra causa humana, en la actualidad son áreas desarboladas. En este caso vamos a convertirnos en agentes dispersores de semillas, —como los son las ardillas o los arrendajos—. Vamos a cogerlas a pie de árbol, a no más de 50-60 kilómetros de distancia, para enterrarlas en la zona en cuestión.

Y el segundo objetivo, que se genera de manera indirecta, es la conexión con la naturaleza, la adquisición de conocimiento botánico que, especialmente para quienes vivimos en una gran ciudad, nos es tan necesario. De repente la gente interesada en participar en la bellotada se vuelve más curiosa, más observadora de su entorno. Se fijan en los árboles, se preguntan si será una encina o un quejigo, se vuelven exploradores/as. Y es que tenemos que recolectar bellotas, y estas no están en las grandes superficies. Hay que salir a por ellas, con el conocimiento de lo que vale y lo que no. Y eso también se está adquiriendo.

La bellotada que yo organizo y a la que se están uniendo muchas personas la realizaremos en una zona urbana pero descampada, en el barrio madrileño de Villaverde. Ya está informada la administración competente que tiene su titularidad y contamos con el servicio de jardinería urbano para su mantenimiento futuro. Un lujo.

 
Montse Soria